martes, 28 de mayo de 2013

Charlie

Abrió los ojos, había una silueta en la puerta, una silueta con una camisola blanca, una silueta con pechos. Así que debía ser Emma. No reconocía ese cuarto, la luz de la calle se filtraba por las cortinas. El cuarto donde dormía Emma, en su casa, no tenía cortinas. Antes de abrir los ojos ya había notado aquel olor en las sábanas, no olía a Jan, olía a Emma. ¿Por qué le había metido en su cama? Aquello era una cama—. ¿Qué hago aquí?
—Me llamó —dio un paso, había oído a Alex moviéndose en la habitación. Con lo que había bebido, suponía que seguía borracho—, estabas borracho.
—¿Dónde es aquí? —no reconocía aquel lugar. No era la casa de Ana y Thomas o la de Carlos.
—Es mi casa.
—¿Tienes una casa?
—No, vivo en un jardín.
—Es… ¿tu cama?
—¿Eh? —había dormido las últimas noches en esa cama, pero no, no era su cama—. ¿Por qué lo dices?
—Huele a ti.
—Tuve visita y les dejé mi cama —¿olía a ella?—. Es la habitación de invitados —no quería darle explicaciones sobre su desastrosa reunión con Sam, le resultaba un tema demasiado deprimente como para soportar los sarcasmos de Alex.
—¿Qué hago aquí?
—Ya te dije, me llamó Ana. Estabas muy enfadado y borracho, no sabían qué hacer.
—¿Y qué hago aquí?
—Vivo cerca del boulevard, y pesas una tonelada borracho —Ana la había pillado profundamente dormida, había salido de casa con los primeros pantalones y jersey que había encontrado, se había metido las llaves en el bolsillo, y sólo había dado la vuelta para ponerse unas botas—. ¡Y soy tan boba, que salí de casa sin dinero para coger un taxi!
—¿Y Jan?
—Ana está cuidando de él —le costaba comprender el tono de Alex, ¿estaba enfadado, confuso, nervioso? La discusión debía haber sido épica, si Jan había evitado mirarla a la cara—. Creo que te van a odiar mucho —intentó cambiar de tema.
—¿Eh?
—¡Aniversario! —realmente le sorprendía ver a Alex tan aturdido—. ¡Aniversario de boda! —sería mejor que se quedara por esa noche—. Es tarde, puedes dormir.
—Mejor cogeré un taxi.
—¡No! —no podía dejar que se levantara. No después de haberse tropezado con su ropa al entrar.
—¿No?
—¡No te levantes!
—¿Eh? —¿qué le pasaba a aquella loca? Se incorporó en la cama, esa sensación de la sábana y la manta cayendo sobre su piel le hizo pensar... ¿Estaba desnudo?—. ¿Me has desnudado?
—No, sólo te quité las botas —había entrado un par de veces, para asegurarse de que se quedaba dormido y que todo iba bien—. Tenías calor y te quitaste todo lo demás —había tropezado al entrar en la habitación y acabado sobre la alfombra, sobre el montón de ropa—. Me he tropezado con tu ropa al entrar —señaló la silla donde la había dejado.  
—¿Duermes desnuda?
—¿Eh? —¿cómo se había dado cuenta? Miró su pecho siguiendo la mirada de Alex. Se le había abierto la camisola que llevaba puesta, no llevaba nada debajo. Desde donde estaba, no podía estar viendo mucho. Sólo un poco de piel blanca.
—Aun estoy algo mareado. Dormiré un poco.
Emma evitaba mirarle directamente, fijó la vista por encima de su hombro, mirando por la ventana. Aún era de noche, había salido la luna. Con las ventanas cerradas, parecía una ciudad muy silenciosa—. Vale —sonrió, cerrando la puerta al salir.

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